Recordamos al ícono de Los Jaivas, fallecido el 15 de enero de 2003, cuya música, voz y filosofía de vida marcaron a generaciones completas y definieron la identidad sonora de nuestro país.
Fue una tarde de miércoles, aquel 15 de enero de 2003, cuando una noticia paralizó a Chile en pleno verano. De un infarto, mientras disfrutaba en la playa La Herradura de Coquimbo, fallecía a los 57 años Eduardo “Gato” Alquinta. La voz inconfundible de Los Jaivas se apagaba físicamente, pero su eco iniciaba un viaje hacia la inmortalidad.
Al cumplirse 23 años de aquel momento, en Rockforia honramos la memoria de un artista que nunca entendió la música sin convicción, y cuyo adiós provocó una de las movilizaciones populares más multitudinarias y sentidas que se recuerden en la historia reciente de Chile.
Un espíritu inquieto
Al momento de su partida, el “Gato” Alquinta se encontraba en un punto de ebullición creativa. El grupo se preparaba para celebrar sus 40 años de trayectoria y Eduardo trabajaba intensamente en un viejo anhelo: un disco dedicado íntegramente al pueblo mapuche.
Inspirado por su propia ascendencia, el músico acababa de regresar de una convivencia en la Araucanía, donde compartió con machis, campesinos y toquis en sus rucas.
Ese compromiso social y artístico, heredado simbólicamente de su abuela, era el motor que impulsaba a Los Jaivas a mantenerse siempre en contacto con la raíz y la tierra, evitando las presiones comerciales para ser dueños de su propio destino artístico.
La filosofía del “Gato”
Más allá de su virtuosismo en la guitarra y su registro vocal único, Eduardo Alquinta dejó un legado intelectual basado en el riesgo. Junto a sus compañeros de ruta —Claudio Parra, Gabriel Parra, Eduardo Parra y Mario Mutis—, el “Gato” defendió siempre la vida en comunidad y el “errar constante” como combustible para el arte.
Para él, la comodidad era el enemigo de la mente. Como bien recordaba en sus entrevistas, la “Vida Mágica” que llevaban no siempre era fácil: “Si uno vive una vida cómoda, muy ordenadita, lo único que logras es engordar y tener ideas chatas”, solía decir.
Su convicción era clara: la creación verdadera nace de la dificultad y de la valentía de lanzarse a la aventura sin garantías, una premisa que llevó a la banda desde su natal Viña del Mar hasta los escenarios de Argentina, París y el mundo entero.
El amigo de todo un país
La muerte de Alquinta no solo fue la pérdida de un músico, sino la de un amigo cercano para millones de chilenos. Sus composiciones, que hoy emergen en forma de silbidos en las calles o coros en las fogatas, son parte del ADN cultural de la nación.
A 23 años de su partida, el mensaje de Eduardo “Gato” Alquinta sigue resonando con fuerza. Su invitación a no tener miedo, a vivir en paz con uno mismo y a abrazar la incertidumbre como fuente de inspiración, es el testamento de un hombre que prefirió la “vida aventurosa” antes que la quietud de lo seguro.
Hoy, su voz sigue volando alto, como un pájaro que nunca dejó de buscar nuevos horizontes.
Texto Alternativo: De izq. a der.: Mario Mutis, Claudio Parra, Eduardo “Gato” Alquinta (sent.), Gabriel Parra y Eduardo Parra. Obra original de Hilda Pizarro / Biblioteca Nacional de Chile vía Wikimedia Commons bajo licencia CC BY 3.0. Esta versión ha sido modificada por Rockforia (eliminación de elementos de fondo y ajuste de proporciones) con IA Gémini Pro.

